jueves, 20 de enero de 2011

Amputada para Dios


Hace unos días tuve que hacer un pago en un banco, y mientras esperaba mi turno se sentó a mi lado una señora con la que comentábamos lo lento del servicio, y ella me contó que ademas de ser de "la tercera edad", tenía un problema en su pierna que también justificaba el hacer uso de la linea especial abierta para ellas, pero que no había querido hacerlo.

Se subió el pantalón hasta la rodilla y ví una pierna deforme, con una cicatriz que atravesaba desde la misma rodilla hasta el tobillo, y además usaba unos zapatos especiales, toscos, grandes. Fue impresionante. Entonces continuó con la historia, y supe que tuvo que ser sometida a una operación debido a una infección que tiene en el pie, y que los médicos le han dicho que tienen que amputarle el pié y quizá hasta la pierna.

Inmediatamente imaginé lo que yo sentiría si me dieran tal noticia algún día y tuviera que perder esas partes de mi cuerpo. Ya no podría caminar normalmente, a lo mejor tendría que dejar mi trabajo, me daría vergüenza que la gente volviera a verme al pasar y quizá se compadecieran de mí. Pensé en lo que me gusta ir a la playa y por supuesto ni pensaría volver por el mismo motivo. Tantas cosas a las que renunciar!

Entonces fue ahí, sentada al lado de esa señora, que el Señor habló a mi corazón, y vinieron a mi mente sus palabras: "...y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar en la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado al infierno...(Marcos 9:45-46)

Y pensé en lo doloroso que es ser amputado de alguno de nuestros miembros. Y recordé las "amputaciones" que he tenido que soportar cuando Dios me ha mandado a obedecerle. Aún duele, pero sé que la recompensa va a ser gloriosa y por la eternidad.

sábado, 15 de enero de 2011

Mis sueños, sus sueños?



Ya no voy a esforzarme en alcanzar las cosas con las que yo sueño, a menos que sean las que Dios desea para mi...esas serán siempre buenas, acordes a Su preciosa voluntad y a los planes de bienestar que El tiene para mi vida.

Quizá El tenga que desbaratar mis sueños para cumplir Su propósito en mi. Quizá El tenga que permitir quebrantamiento para que yo mengüe y El crezca, a lo mejor me pida que deje ir las cosas o personas a las que me aferro, por que El me tiene algo preparado más adelante, que traerá bendiciones a mi vida.

Lo que sea que El sueñe y planee para mí, será siempre perfecto y estoy segura que me permitirá ver Su Gloria, y podré entonces deleitarme en El por la eternidad.

miércoles, 12 de enero de 2011

Un nuevo comienzo


Hace muchos días que no me asomo por aquí. Me pregunto si alguien lee lo que escribo. De todas maneras, volver a leer cada entrada me ayuda mucho a seguir mi camino cuando siento que me detengo. O a enderezarlo cuando comienzo a tomar un desvío de la ruta que Dios ha trazado para mi vida.

Ha comenzado un nuevo año, y aunque deseo seguir escribiendo, ya no quiero ser yo quien dirija el lápiz, la tecla, ni siquiera mi mano. La página está en blanco y lo único que anhelo es que Dios me lleve a escribir una nueva historia. De amor, de triunfo, de momentos llenos de Su gracia. No quiero escribir líneas con temor, o inseguridad, ni con fracasos llenos de dolor que después quiera borrar y que ensucien el hermoso dibujo que El quiere hacer en mi vida.

No sé que es lo que trae el nuevo año, pero estoy segura que dentro de Su voluntad, veré cumplidos los propósitos para los que fui creada, y al ser obediente, seré bienaventurada.

Quiero deleitarme en El, y en el pensamiento que soy valiosa para El, que Su amor no me dejará apartarme de Su lado. Escucharle decir: "Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Por que he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido..." (Cantares 2:10-12) Y que yo pueda responder: "Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento" (Cantares 7:10) Sabiendo que soy aceptada en El sin importar por lo que haya pasado. El se gozará sobre mi con alegría,callará de amor y se regocijará sobre mí con cánticos! (Sofonías 3:17)