domingo, 20 de junio de 2010

Cuantas cosas eran para mi ganancia...



Un amigo me compartía la satisfacción de ver a su primera hija graduada en el extranjero después de varios años de haber tomado la decisión de dejarlo todo en este país para buscar nuevos horizontes en aquél. Para ello, se sentaron un día como familia y plantearon el hecho que ellos eran como una mesa de cuatro patas, que nadie podía echarse para atrás o “quebrarse” en este nuevo proyecto, pues de lo contrario la mesa se caía. Tenían que ser fuertes y soportar momentos difíciles, llevar a cabo esfuerzos, y estar convencidos que lo podían llevar a cabo.

Mi amigo renunció a una posición de logros profesionales , en el ámbito social y político en este país para llevar a cabo ese proyecto de familia, y me comenta que ahora que ve a sus hijas graduadas se da cuenta que nada de lo que aquí tenía se compara a la satisfacción de haber logrado la primera parte de su meta. Aun habiendo renunciado a sus propios logros, por amor a ellas.

Me puse a pensar en las ocasiones que debemos tomar este tipo de decisiones, por amor a alguien o a los demás. Y no es ese amor egoista que muchas veces conocemos donde lo único que queremos es complacer nuestras emociones o sentimientos. Hablo del amor que he podido conocer a través de mi Padre Dios.

Este domingo en el servicio de la iglesia recibí nuevamente un versículo que me hizo asociar esta experiencia de perder algo que estimábamos como muy valioso, para ganar algo que va más allá de nuestras expectativas.

Filipenses 3:7-8 “ Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo….”

A cuantas cosas nos aferramos pensando que son lo más importante en nuestra vida? Estamos dispuestos a renunciar a ellas por amor a Cristo? El renunció a su posición en el cielo para venir al mundo y morir por nosotros. Eso es amor. El es amor.

Que es lo que debemos dejar ir ahora? No es fácil. Nadie dijo que lo fuera. Pero Dios nunca nos va a pedir algo más de lo que podamos llevar a cabo, El conoce nuestras debilidades y nos fortalece en los momentos que debemos tomar esas decisiones bajo las cuales aparentemente perdemos todo, pero que nos llevan a proseguir el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

No esperemos demasiado. la Palabra afirma que "... el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo..."

Confiemos en que El nos dará algo más, aquello que nosotros no podemos ni siquiera imaginar.

sábado, 19 de junio de 2010

El lo hará... de cualquier manera!



Lo que transcribo a continuación no lo escribí yo, lo leí en uno de los devocionales que recibo periodicamente y es la mejor descripción que he encontrado de ese proceso doloroso que tenemos que atravesar muchas veces y que nos lleva a la sanidad y al hermoso cumplimiento de los sueños que Dios tiene destinados para nosotros. A pesar del dolor, a pesar del miedo, a pesar de creer que no podía soportar más, escogí dar un paso de fe y estoy confiada que El me lleva de cualquier manera hacia donde El sabe que debo estar para realizar Sus sueños que siempre serán mejores que los míos. Eveling

"Mi esposo tuvo que ser sometido a una cirugía después de una fractura en su rodilla, y debió pasar cierto tiempo en terapia física. Cuando le pregunté como iba todo me respondió: “Duele, la terapeuta me hizo hacer más de lo que yo pensé que podía resistir. Pero mi rodilla está comenzando a sentirse mejor.”
Pensaba en que en casos como éste, experimentar el dolor de ir más allá de nuestros limites eventualmente nos lleva a la sanidad. Es lo mismo que frecuentemente sucede con nuestros sueños.

Pensamos, “Dios, me estás pidiendo que haga esto ahora? No puedo más!”. Pero El sabe que el dolor que implica ese esfuerzo emocional que hacemos, es realmente lo que nos va a llevar a lo que hemos estado esperando por todos estos años.
Algunas veces nos decimos a nosotros mismos, “Ya pasé por todo lo que puedo soportar, no puedo esforzarme ni un poco más” Entonces fijamos nuestros corazones en la comodidad y esperamos que vengan la sanidad y la esperanza. Pero quizá no sea lo que debemos hacer.

Tal vez lo que tenemos que hacer es levantarnos de nuestra zona de comodidad, y hacer más de lo que pensamos que podíamos ser capaces antes de que nuestro sueño se vuelva realidad.

Me doy cuenta que no es fácil. Lo sé. Es duro, doloroso, y algunas veces un proceso lento. Requiere más valor del que pensamos que tenemos en ese momento. La mayor parte de las veces, no vamos a querer hacerlo. Y está bien sentirse así. Pienso en los “Héroes de la Fe”. No creo que ninguno de ellos vio con entusiasmo los riesgos que Dios les pidió que tomaran.

Moisés le dijo a Dios que no quería ir a Egipto y hablarle al Faraón.

Esther no estaba emocionada al tener que presentarse delante del rey.

Jesús pidió que pasara de El esa copa, si hubiese sido posible.

Así que no se requiere que nos sintamos emocionados por salir de nuestra zona de comodidad. Es absolutamente opcional. Y eso no nos hace menos espirituales que aquella misionera que está sirviéndole a Dios en el Amazonas.

Lo que importa es que simplemente lo hagamos de cualquier manera.
Nos duele… pero lo hacemos de cualquier manera.Tenemos miedo… pero damos el paso de cualquier manera. Estamos cómodas… pero salimos de esas paredes que construimos, de cualquier manera.

Dios no es puntilloso ni difícil. El nos llevará, de cualquier manera. El puede hacerlo.
Y es entonces cuando El nos dará aún más de lo que podemos imaginar".

sábado, 12 de junio de 2010

FORTALEZAS


Tuve la oportunida de ver la película "El Principe de Persia", una historia de fantasía que ahora no voy a comentar en este sitio. Mas bien quise escribir sobre algo que me llamó la atención y que está relacionado con una de las lecciones más grandes que he recibido de Dios.

En una de las escenas puede verse como un grupo de hombres está subiendo el enorme muro que constituye la defensa de la ciudad que están conquistando. Esa era la fortaleza que la defendía de cualquier ataque del exterior. Entonces vinieron a mi mente los versículos que Dios ha estado poniendo en mi corazón ultimamente: 2a. de Corintios 10: 3-4 "pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo.

La palabra fortaleza tiene distintos usos, puede ser un sinónimo de fuerza o vigor, y por otra parte se trata de una defensa natural que tiene un lugar o puesto por su misma situacion, o es un recinto fortificado, como un castillo, una ciudadela, etc. preparado para resistir ataques o invasiones.

A lo largo de nuestra vida hemos construido fortalezas alrededor de nuestra mente para "defendernos" de situaciones que en algún momento nos causaron dolor, frustracion, o cualquier otro sentimiento desagradable. Entonces, nuestra manera de pensar está centrada en ello y vivimos creyendo que mientras más alta es esa pared, estamos mejor protegidos de los "ataques" del exterior. No nos damos cuenta que realmente estamos presos dentro de ellas, y hemos escogido vivir así por que no queremos que venga alguien a derribarlas por temor a ser dañados.

Que equivocados estamos al querer detener el paso de Aquél que es capaz de destruirlas por medio de Su amor y Su Palabra, y que lo único que quiere es liberarnos de esos pensamientos de dolor, temor y frustracion de los que estamos presos!

Cuales son las fortalezas o muros que cada uno de nosotros hemos levantado alrededor nuestro? Orgullo? autosuficiencia? baja autoestima? odio? falta de perdón? enojo? La Biblia dice que nuestras armas tienen el poder divino para derribarlas, asi que por que no abrimos por entero la puerta de nuestro corazón y creemos a Su palabra, para que nuestro Libertador- Cristo- entre y derribe cada una de ellas?

El nos quiere libres, nos hizo libres a través del sacrificio de Cristo en la cruz. Nosotros solo tenemos que creerlo y aceptar esa libertad para no depender más de una pared para que nos defienda. Ya tenemos al mejor abogado defensor en Jesucristo!

miércoles, 9 de junio de 2010

Libertad



Gálatas 5:1
1 Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud.


Usualmente, cuando escuchamos la palabra "Libertad" y la queremos aplicar a nuestra vida, pensamos en el hecho de ser independientes, autosuficientes y no estar atados a situaciones o relaciones que no nos agradan.

Muchos hoy en día exaltan la libertad, aquella de tener licencia para hacer cualquier cosa con tal que satisfaga sus propios intereses y deleites. En esa busqueda desesperada y desenfrenada de ser libres, terminamos tomando decisiones que al final nos llevan a ser esclavos de nuestros propios pensamientos, sentimientos y por ende, acciones. Por experiencia propia puedo afirmar que en mi búsqueda de libertad, lo unico que gané fué dolor, vacío, soledad, frustración, y todo ese tipo de sentimientos que no provienen de un Dios que únicamente tiene para nosotros pensamientos de paz y bienestar.

Juan 8:32 dice que cuando conozcamos la verdad, entonces seremos libres. Y si sabemos y creemos que Cristo es el camino, la VERDAD y la vida (Juan 14:6), no tenemos por que buscarla en otro lugar. Ser verdaderamente libre no significa hacer lo que nos gusta y dejar de hacer lo que nos disgusta, es saber usar ese libre albedrío que Dios nos dió cuando creó al hombre para escoger entre la vida o la muerte (Prov 14:12) Y al escoger la VIDA nos encontramos libres de pecado y por tanto, de toda culpa y condena.

Hasta que entendí el significado de ser libre en Cristo pude darme cuenta que no hay ninguna razón por la cual debo ser presa de mis pensamientos o sentimientos. El ya hizo su parte, rompió las cadenas de esclavitud en la cruz. Nuestra parte es arrepentirnos, creer, recibirle en nuestro corazón, y sobre todo llevar cautivo todo pensamiento a El para poder experimentar la paz que sobrepasa todo entendimiento.

Y dejo por último una frase que escribí hace unos días en un cuaderno: mi verdadera libertad es ser esclava de Cristo! y yo se que siendo El mi dueño y Señor, mi recompensa será inmensa cuando me encuentre con El en el cielo!