sábado, 22 de octubre de 2011

Templo del Espiritu Santo...


Durante algún tiempo he cumplido con mi rutina de caminar diariamente entre media hora y 45 minutos, y sintiéndome frustrada si no lograba hacerlo, como si dejara de cumplir algún requisito con alguien (en realidad si no lo hago siento que me fallo a mí misma).

Hace un par de meses estuve enferma, y por el tipo de dolencia me recomendaron reposo por casi un mes. Desde entonces no he vuelto a retomar mi rutina de ejercicio y he puesto miles de excusas para no hacerlo, que si no tenia el tiempo, que si la falta de vehiculo para llegar temprano al lugar donde camino, y últimamente, la lluvia fue mi excusa perfecta. Pero mi cuerpo, ya acostumbrado al ejercicio, me lo está exigiendo, si mencionar las libras que he aumentado por haber estado inactiva. Y me asalta el temor de ser desaprobada si no cumplo con un estándar de belleza impuesto por el mundo.

Hace un par de días recordé lo que dice 1ª. de Timoteo 4:8, cuando Pablo aconseja a su joven discípulo Timoteo, que se ejercite en la piedad …” porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera”.

Inmediatamente pensé en lo que me preocupa mi bienestar físico, y la manera en la que cuido muchas veces lo que como, lo que me importa mi apariencia física, mas de lo que me importa mi bienestar espiritual. Tengo una rutina de ejercicio, ejercito mi cuerpo, pero a lo mejor no tengo un devocional diario con mi Señor que enriquece mi vida en esta tierra y sobre todo, me ayuda a conocerle y anhelar esa vida eterna que Dios me ofrece a través de Jesucristo. A Dios no le importan mis libras extras, eso no provoca en El ninguna desaprobacion o falta de amor hacia mí. Pero si le importa mucho mi condición espiritual, El quiere que yo le conozca profundamente, por que El me ofrece un amor perfecto.

Y por favor no me mal interpreten, no quiero decir que el ejercicio no debe ser parte de nuestra rutina. Al contrario, nos ayuda a cuidar este cuerpo físico que Dios nos ha dado, y que muchas veces descuidamos, sin tomar en cuenta que también es “templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1ª. Corintios 6:19) Y entonces recuerdo el contexto de este versículo, cuando también Pablo nos recuerda que aunque nos es permitido hacer muchas cosas con nuestro cuerpo, no todas edifican, y que todo lo que hagamos con él debe ser para glorificarle, puesto que hemos sido comprados con la sangre de nuestro Señor Jesús y tanto nuestro cuerpo como nuestro espíritu le pertenecen a El.

Entonces me queda muy claro… tengo que analizar como están mis prioridades. Y le doy gracias a Dios por recordarme la lección, y sobre todo, por traer a memoria mi vida pasada, y de dónde me rescató, con el único propósito de glorificarle a El, con mi cuerpo y con mi espíritu!

lunes, 10 de octubre de 2011

Terremoto


Hace 25 años El Salvador sufrió un terremoto de enormes magnitudes. Fue lo que Dios usó para literalmente "sacudirme" y hacerme ver que vivía una vida desordenada y vacía que solo El podía ordenar y llenar. Dios había puesto a alguien en mi lugar de trabajo que me testificó de Su bondad amorosa. Le entregué mi vida a Jesús, y recuerdo ese día como si hubiera sido ayer, fue simplemente glorioso. Pude sentir ese amor desde el primer momento, y como lo siento hasta hoy.

Desde entonces he caminado de Su mano, pero cuando me he soltado (por que Dios no nos abandona, a menos que nosotros desistamos de seguirle) he experimentado los momentos mas dolorosos de mi vida, que me han servido para, como el hijo pródigo, desear volver a la casa de mi Padre, y darme cuenta que fuera de El no tengo nada.

He sido disciplinada en medio de esas situaciones, con al amor de un Padre. He sido fortalecida en los momentos en que creía que ya no podía continuar, fui consolada cuando lloraba las lágrimas más dolorosas que recuerdo haber derramado, consecuencia de mi desobediencia. Y bendigo a mi Dios por que yo nunca estuve sola, El siempre estaba conmigo. Y por que El me esperaba con los brazos abiertos.

He vuelto a mi hogar, al rebaño adonde pertenezco y adonde fui recibida con el único Amor perfecto que existe, cuando venía herida, sucia y llena de dolor. Aún recuerdo Sus palabras:

Mi amado habló, y me dijo:
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.
11 Porque he aquí ha pasado el invierno,
Se ha mudado, la lluvia se fue;
12 Se han mostrado las flores en la tierra,
El tiempo de la canción ha venido,
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola.
13 La higuera ha echado sus higos,
Y las vides en cierne dieron olor;
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.
14 Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes,
Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz;
Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.
(Cantares 2:10-14)


Ahora me regocijo en Aquel que ama mi alma, el que cambió mi lamento en gozo, cubrió con su gracia mi vergüenza, y mi pecado con su perdón, no tengo razón para ocultarme ni sufrir condena.

Soy una nueva criatura, mi vida le pertenece, vivo por El y para El.

…y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gal 2:20)

Y solo tengo una pregunta: Cual es el terremoto que Dios está utilizando en tu vida para que vuelvas tu mirada a El y le entregues tu vida?...