Banquete matutino

Había olvidado lo maravilloso que son las caminatas matutinas. Por alguna razón dejé de hacerlo desde hace un par de meses… puse varias excusas: no me sentía bien de salud, los zapatos se me arruinaron, mi horario de llegada a la oficina ya no era el mismo, dependía de otros para estar temprano y poder caminar, que si amanecía nublado y podía comenzar a llover, etc. etc. etc.. puras excusas y pretextos.

De repente hubo un detonante que me impulsó a volver a la pista…la caminata AVON en apoyo a los enfermos de cáncer me sirvió para calentar motores y tomar la decisión de retomar mi olvidado hábito de caminar por las mañanas. Realmente mi cuerpo ya reclamaba el estar en movimiento y yo no quería escucharlo. Pues comencé esta semana, ya no tenía la excusa de los zapatos por que ya estaban reparados (no era nada que no se arreglara con una costura), y si yo no usaba mi carro ese día, siempre había alguien que podía pasar a dejarme temprano a la oficina, que es donde yo aprovecho a caminar. No había marcha atrás.

Y estoy asombrada de lo que ha pasado en estos cuatro días. Mi caminata es un tremendo y delicioso banquete a mis sentidos y a mi espíritu. Puedo ver el sol brillar en las hojas de los árboles y en el césped aún mojado de rocío, los pájaros que a esa hora buscan ya su alimento y se bañan en las pequeñas lagunas que se forman al lado de los grifos de agua, veo el cielo que ya despierto luce un azul tan limpio que hasta las nubes le sirven como contraste para verse mas hermoso. Escucho los pájaros cantar con diferentes notas y armonías, disfruto el bullicio de los pericos que se confunden entre las hojas de los árboles, y el canto tan característico de las urracas que se pasean de árbol en árbol y que nunca vuelan solas. Cuando están cortando la grama, puedo sentir ese olor particular que se vuelve más fuerte y especial por estar húmeda de rocío. Siento la brisa en mi cara, el calor del sol en mi rostro, y si paso al lado de un surtidor de agua, no puedo resistir el tocarla y mojarme las manos sólo por que me parece divertido. A veces veo lombrices de tierra atravesándose la pista y dejando su estela brillante en el pavimento mientras se arrastran buscando la tierra deseada. Me aparto y en el fondo de mi corazón deseo que lleguen a su destino antes que un pájaro decida tomarlas como desayuno.

También me gusta ver la majestuosa silueta del picacho descansando sobre las faldas del volcán, contemplando una ciudad bulliciosa y despierta desde muy temprano en la mañana. Es un tiempo hermoso, donde todo mi ser, cuerpo, alma y espíritu se deleitan con la creación de Dios, hermosa y perfecta. Al final de los casi 5 kms., termino agitada, sudando y quizá con mis músculos cansados, pero con una energía y ánimo increíble y todos mis sentidos despiertos. Me doy una ducha y estoy lista para un nuevo día de trabajo, lleno de retos, oportunidades, amistades y por lo general muchas risas. Y una vez más le doy gracias a Dios por permitirme estar viva, por sentirme viva, y por disfrutar el estar viva. No lo tengo todo, pero lo que tengo me basta para estar contenta y muy agradecida con El.

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