Cuantas cosas eran para mi ganancia...



Un amigo me compartía la satisfacción de ver a su primera hija graduada en el extranjero después de varios años de haber tomado la decisión de dejarlo todo en este país para buscar nuevos horizontes en aquél. Para ello, se sentaron un día como familia y plantearon el hecho que ellos eran como una mesa de cuatro patas, que nadie podía echarse para atrás o “quebrarse” en este nuevo proyecto, pues de lo contrario la mesa se caía. Tenían que ser fuertes y soportar momentos difíciles, llevar a cabo esfuerzos, y estar convencidos que lo podían llevar a cabo.

Mi amigo renunció a una posición de logros profesionales , en el ámbito social y político en este país para llevar a cabo ese proyecto de familia, y me comenta que ahora que ve a sus hijas graduadas se da cuenta que nada de lo que aquí tenía se compara a la satisfacción de haber logrado la primera parte de su meta. Aun habiendo renunciado a sus propios logros, por amor a ellas.

Me puse a pensar en las ocasiones que debemos tomar este tipo de decisiones, por amor a alguien o a los demás. Y no es ese amor egoista que muchas veces conocemos donde lo único que queremos es complacer nuestras emociones o sentimientos. Hablo del amor que he podido conocer a través de mi Padre Dios.

Este domingo en el servicio de la iglesia recibí nuevamente un versículo que me hizo asociar esta experiencia de perder algo que estimábamos como muy valioso, para ganar algo que va más allá de nuestras expectativas.

Filipenses 3:7-8 “ Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo….”

A cuantas cosas nos aferramos pensando que son lo más importante en nuestra vida? Estamos dispuestos a renunciar a ellas por amor a Cristo? El renunció a su posición en el cielo para venir al mundo y morir por nosotros. Eso es amor. El es amor.

Que es lo que debemos dejar ir ahora? No es fácil. Nadie dijo que lo fuera. Pero Dios nunca nos va a pedir algo más de lo que podamos llevar a cabo, El conoce nuestras debilidades y nos fortalece en los momentos que debemos tomar esas decisiones bajo las cuales aparentemente perdemos todo, pero que nos llevan a proseguir el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

No esperemos demasiado. la Palabra afirma que "... el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo..."

Confiemos en que El nos dará algo más, aquello que nosotros no podemos ni siquiera imaginar.

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