miércoles, 7 de abril de 2010

20 años



Hace 20 años di a luz a mi primer hijo, Ricardo José. Aun se llenan mis ojos de lágrimas al recordar el momento, cada detalle de ese gran acontecimiento y los sentimientos de temor que tuve y que me imagino sufre toda madre primeriza, y luego la felicidad al ver su carita y conocerlo en persona después de llevarlo 9 meses en mi vientre. Ni siquiera lo ví en una ultrasonografia, tampoco conocía su sexo, aunque el corazón no me engañó y tal como yo lo esperaba, era un varón! Creo que ninguna mujer recuerda el dolor, solo recordamos que fue duro, que sudamos, pujamos, y que nos dolió, pero todo queda atrás en el preciso momento que lo tenemos en nuestros brazos por primera vez.

No he olvidado tampoco que en esa época había toque de queda por la guerra civil y tuvimos que atravesar ese momento solos pues su padre no pudo estar con nosotros en el hospital. Incluso existía la posibilidad que yo fuera sometida a una cesárea pues tenía su cordón umbilical enredado en su cuello. Pero gracias a Dios y a la destreza del médico fue un nacimiento natural, increíblemente hermoso!

Luego pasan por mi mente cada uno de los momentos especiales que he vivido a su lado desde ese día, y me doy cuenta que ese hijo mío va a ser el motivo de mi felicidad y algunas veces de mi preocupación hasta el día que cualquiera de nosotros dejemos este mundo. El siempre será carne de mi carne, sangre de mi sangre, y no importando lo que llegue a ser o como lo haga, seguirá siendo mi hijo y lo voy a amar de cualquier manera, me voy a deleitar en El y voy a desear siempre lo mejor para El.
Y viene a mi mente el versículo «Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le piden?» ( Mateo 7.11 ) y me doy cuenta que mis pensamientos y deseos de bienestar para mi hijo se quedan cortos, comparados a aquellos que Dios tiene para él y para mí. Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo. (Jeremías 29:11)

Cada vez que me preocupo por su futuro, el Señor me recuerda que El lo tiene en sus manos, que su destino ya fue diseñado puesto que su existencia fue planeada desde antes de la fundación del mundo. Y eso me infunde paz, aunque lo que ahora mis ojos ven son únicamente su inconformidad momentánea y su confusión en cuanto a lo que hace o al camino que él quiere seguir. Yo sé que Dios cumplirá Su propósito en mi hijo, que aunque sus decisiones no sean las correctas algunas veces, las consecuencias serán parte de las lecciones que él deberá aprender para madurar, para crecer.

Y por supuesto que esa relación con mi hijo me ha enseñado tanto sobre mi relación con mi Padre Celestial! La manera como nací de nuevo, me imagino el trabajo que le dí para darme a luz! Me comenzó alimentando con leche, mas tarde con algo más sólido, y me llevó de la mano mientras daba mis primeros pasos en el evangelio. Mientras crecía, El nunca dejó de caminar a mi lado ni lo ha dejado de hacer hasta hoy. El cuidó que yo no tropezara, y cuando caí, el me levantó en victoria, siempre. En los momentos cuando yo más me alejaba de El, su amor era suficiente para atraerme nuevamente a Su hogar, mi hogar. También he pasado por épocas de duda, confusión, desaciertos, y solo el saber que El estaba ahí me permitió esforzarme para salir de esos valles.

En este día especial, solo deseo que mi hijo siga siendo guiado por el Espíritu de Dios, que aunque a veces solo vea obscuridad o muros delante de él, su caminar sea firme en el Señor, es la única manera en la que podrá garantizar su felicidad y su bienestar. Y que tenga la absoluta certeza que si un día se aparta, su Padre celestial lo estará esperando con los brazos abiertos, y si un día cae, habrá una mano de amor incondicional que le ayudará a levantarse, porque El nunca nos dejará caídos ni avergonzados.

Te amo RJ.

No hay comentarios: